Caballitos de sal

13,00
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Las nanas o las canciones de cuna son, quizás, la manifestación más antigua del cariño de una madre hacia su hijo. Desde la noche de los tiempos, las madres han acunado y mecido a sus pequeños y les han susurrado palabras de consuelo para evitarles miedos o dolores, para invocar el sueño o para hacerles compañía. En Caballitos de Sal, Anabel Sáiz Ripoll recoge algunas Canciones de Cuna o Nanas que ha dedicado a los niños y niñas que le rodean. Son canciones breves, en las que el ritmo es lo más importante y que recogen temas recurrentes: el mar, la ausencia, la falta de sueño, las estrellas y, por supuesto, los caballitos de mar, que le dan nombre. Premio a las ilustraciones realizadas por Yolanda Mosquera para el álbum ilustrado “Caballitos de Sal” en la Feria del Libro de Sharjah (Dubai). 

Dentro de nuestra mamá

15,95
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El álbum de la espera de una hermanita mayor… ¡CON SOLAPAS SORPRESA! El nacimiento de un hermano es una experiencia inolvidable. ¡Vívela a través de lo que una niña le dice al hermanito que está esperando!: «Tú estás ahí dentro, hermanito, en la tripa de nuestra mamá. Yo estoy aquí fuera, esperándote. ¿Sales ya?».

Todos los álbumes de Jo Witek puedes verlos AQUÍ; tú decides cuál es el que más se adapta a tus/sus emociones.

El río sin descanso

18,90
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Elsa es una joven inuit que vive a las afueras de una pequeña ciudad de blancos en el norte de Canadá, a orillas del río Koksoak. Una tarde, Elsa es forzada por un soldado estadounidense de la cercana base militar. Nueve meses después nace Jimmy, un angelito rubio de ojos azules y milagrosos tirabuzones que causa una auténtica conmoción en el poblado. Completamente volcada en su hijo, Elsa decide en un primer momento criarlo a la manera de los blancos y se somete a la tiranía del reloj y de las posesiones fútiles. Más tarde, opta por cruzar su querido río Koksoak y se instala en el viejo y abandonado Fort Chimo, el hogar de su infancia, en busca de sus verdaderas raíces esquimales. Pero ni tan siquiera el tesón de esta jovencísima madre coraje, rebosante de amor, ingenuidad, y de la misma belleza salvaje de los paisajes que la rodean, será capaz de encontrarle rumbo a su vida.

Complemento perfecto de este volumen son las Tres novelas esquimales que lo preceden: Los satélites, El teléfono y La silla de ruedas, tres miradas no exentas de humor sobre la devastadora influencia de la modernidad en el seno de la cultura inuit.

Traducido del francés por Luisa Lucuix.

Eleneja

14,75
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La mamá de Eleneja es una jirafa, pero ella no es una jirafa… No se parece a las elefantas ni a las cebras… Pero, entonces, ¿qué animal es Eleneja? ¿Quieres acompañarla en su viaje para descubrirlo?

Hebra de agua

17,95
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“Este libro es un río y una cascada y un poema que se deshace en agua. Dedicado a todas las madres de todas las hijas que a veces mentimos.”
Hebra de agua es un canto a la madre:

Mamá no pide un deseo, pide tres. Pide cuatro.
Mamá baila locamente.
Se hace vapor, se hace nube, se la lleva el viento.

Con una estética visual artística y moderna, a partir de ilustraciones textiles, la autora elabora un bello libro de cuidada edición. El libro-objeto se ha realizado con cubierta de cartoné en tela y estampación serigráfica, el interior se compone de fotografías de piezas textiles que funcionan como cuadros independientes. Se incluye un díptico vegetal que sirve para proporcionar varios niveles de lectura a las páginas donde se inserta.

Josefina

8,50
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¡Josefina también quiere un huevo propio! Mientras sus compañeras gallinas empollan con cariño sus huevos, Josefina pone todo su empeño e imaginación en hacer realidad su sueño… Una historia divertida y conmovedora sobre huevos que no llegan y sobre la felicidad, que muchas veces aparece cuando menos te lo esperas.

No hace falta la voz

13,50
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No hables al menos que puedas mejorar el silencio”, advirtió Jorge Luis Borges ante un excesivo valor de las palabras. ¿Cuánto más nos pueden transmitir un gesto, una caricia, una mirada cómplice…? Tal y como nos recuerda Armando Quintero en este álbum; no hace falta la voz para mostrar cariño o decir cosas bonitas como te quiero…

El contacto físico como muestra de afecto es imprescindible para el desarrollo emocional de los pequeños: les da seguridad, favorece su autoestima y mejora la confianza en sí mismos y también en los demás. En este aspecto, inciden tanto el texto de Armando Quintero Laplume como las imágenes de Marco Somá.